Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Web empleo Alemania. Alejandro Robles

Alejandro Robles

Ficha profesional Alejandro Robles de la Vega

Contacto: https://www.linkedin.com/in/roblesdelavega/

Entrevista realizada en abril de 2020

 

Alejandro se diplomó en 2010 en Educación Social y, tras unos años trabajando como técnico en Instituciones Penitenciarias, se trasladó a Madrid para formarse como arteterapeuta. Durante esos años surgió la revista digital de terapias creativas Sublimarte (http://www.sublimarte.es).

Tras un tiempo en Tesalónica desarrollando proyectos de voluntariado internacional acabó en lo que a día de hoy define como su hogar, Frankfurt am Main, donde trabaja como dinamizador de procesos pedagógicos y terapéuticos con niños.

 

Cuéntanos en qué consiste el trabajo de los profesionales de arteterapia y a qué te dedicas concretamente.

El nombre de la profesión incluye los términos ‘arte’ y ‘terapia’, pero ¿cómo convergen esas disciplinas? Ciertamente ya solo el nombre da pie a imaginarse cualquier despropósito, si bien en realidad es un modelo de intervención muy concreto (a la par que con matices) en el que el proceso creador es el principal vehículo para posibilitar que una persona se acerque al bienestar psicosocial.

Aunque se trata de una profesión poco conocida en España, hay un fundamento teórico bastante desarrollado y, si alguien quisiese llevarse un pequeño canapé informativo sobre la profesión sin entrar en tecnicismos, le recomendaría este artículo elaborado para tal fin: http://feapa.es/arteterapiahoy/

Y a eso es a lo que me dedico aquí en Alemania, donde la arteterapia cuenta con mayor recorrido y reconocimiento.

 

Tras un periodo de voluntariado en Grecia decidiste trasladarte a Frankfurt. ¿Qué te trajo a Alemania? ¿Cómo reaccionó tu entorno cuando decidiste venir?

De Grecia casi que me echaron, corría aquella primavera de 2015 en la que la gente hacía cola en unos bancos que no tenían efectivo que dar. Así que, si un proyecto que previamente había estado tan bien atado y con todo debidamente cubierto había terminado así, ¿cómo podía creer que ir a otro país en el que empezar de cero iba a salir bien? Ese escepticismo es el que aportaba mi entorno.

Un escepticismo que me traje conmigo y me decía “bueno, todo sea que en un par de días esté de vuelta en España”. Semejante mantra cargado de incertidumbre es en realidad lo que me ha permitido quedarme aquí todos estos años, sintiendo cada día como si fuese el último antes de rendirme. Sin embargo, siempre había fuerzas para llegar un poquito más lejos: que si un mes más con el curso de alemán que ya casi lo tengo dominado… Que si me espero a que me contesten de esa otra entrevista que me trataron con afecto y respeto… Que si en dos meses es la boda de mi prima y prefiero que me pille aquí para no tener que comprarme un traje… Y ya han pasado cinco años tras haber avanzado saltito a saltito.

 

Llegaste a Frankfurt en 2015. ¿Sabías ya alemán? ¿Cómo has podido hacer valer tu título en arteterapia en Alemania? ¿Lo has podido homologar?

¿Alemán? ¿Yo? Nunca. Vamos, es que ni ocurrírseme. Con lo que me había costado el inglés… Pero los cursos de integración son un milagro que posibilita lo impensable. Y es que, a los seis meses de haber llegado a Alemania, a una empleadora le pareció suficiente lo que le había expuesto para darme un trabajo como educador. Qué agradecida aquella mujer con el nivel que por entonces llevaba de alemán, qué agradecida con la formación que le traía de España y, bueno, agradecido yo porque me dio un trabajo que dotó de sentido a todo lo que me había supuesto haber llegado hasta ahí.

Pero el trabajo como arteterapeuta vino después, cuando ya me sentí suficientemente seguro y cómodo en el mercado laboral alemán como para dar forma a lo que por entonces pensaba no era más que un capricho. El título no requiere reconocimiento como tal, por lo que para acceder al puesto de arteterapeuta valió la traducción del título de máster universitario en arteterapia y un certificado que me acreditase como miembro de una asociación profesional de arteterapeutas.

 

Desde 2018 trabajas con niños refugiados. ¿Cómo está siendo tu experiencia en ese campo?

Esto es una alegría. Quiero decir, una alegría la experiencia en sí, el día a día no lo es tanto porque son procesos relacionados con traumas y naturalmente cada niño lo expresa de una forma distinta. Mi papel ahí es acompañar y tenemos materiales artísticos de todos los colores para dar salida a las emociones que vayan surgiendo.

No obstante, no solo estoy con niños. Desde hace un año se implementa el mismo programa en un refugio específico para el colectivo de refugiados LGBTQI+, donde una vez por semana tenemos sesiones de arteterapia y allí la realidad es otra. En primer lugar, los países de origen son totalmente distintos (Jamaica, Rusia…), por lo que los símbolos y patrones culturales cambian por completo y eso tiene determinadas implicaciones en el proceso creador. Por otro lado, la manifestación del trauma de un adulto es un caleidoscopio diferente al de un niño, y específicamente en este colectivo, cuyo enemigo no es un bombardero que dejas de escuchar al llegar a Alemania, sino que es un ente invisible que en muchos casos se les ha colado en la mochila, ya sea la homofobia, la transfobia, etc.

 

Cuéntanos una experiencia profesional que te haya marcado desde que llegaste a Alemania.

Me cuesta responder con honestidad sin caer en la vanidad. Que alguien me ayude, que no sé cómo hacerlo. Dicho lo cual, a mí lo que más me ha marcado ha sido recibir la coordinación del proyecto. Creo que en España me habría costado ganarme la confianza para que me diesen un cargo de responsabilidad tan a corto plazo como aquí, donde seis meses bastaron para que me considerasen como la persona que debía hacerlo. Y fue en un momento de tensión en la organización, puesto que el proyecto se acababa de llevar el premio de integración de Angela Merkel, y de repente había una exposición mediática con tintes políticos que no termino de encajar hoy día. No entiendo nada. Me da la sensación de que la entidad me valora con un nivel de responsabilidad que no se corresponde con la idea que tengo de mí mismo.

 

¿Cómo crees que la experiencia en Alemania te ha ayudado a evolucionar profesionalmente? ¿Qué has aprendido aquí que te gustaría trasladar a España? Y al revés, ¿qué pueden aportar los profesionales españoles en Alemania?

No puedo negar el tener una predisposición a una forma de abordar el trabajo catalogada como “cuadriculada”. Tal vez ello sea la causa por la que en la organización tienen el running gag de dirigirse a mí como el “más alemán que los alemanes”. Juego de estereotipos a un lado, pienso que el trabajar en un entorno donde las funciones están especificadas, habiendo poco lugar a ambigüedades, me ha permitido hacer un trabajo que en otros contextos me habría resultado más difuso. Solo en un espacio de trabajo como este me veo capaz de explorar las potencialidades de la arteterapia en su plenitud.

Si tuviese que trasladar algo de lo aprendido a España, me gustaría que fuese ese modelo sistemático de organización. Por otro lado, el nivel académico de los profesionales sociales españoles es elevado y quizás esa sea una de las razones por las que somos tan bien recibidos aquí. Prueba de ello es que por concreto que sea el puesto que se desarrolle en España hay cierta expectativa de que seas una persona polivalente, lo que tiene por consecuencia que todos sepan hacer de todo. Una de las razones por las que me pusieron a coordinar fue porque sabía hacer diagramas con una tabla de Excel. Prácticamente nadie en la organización sabía hacerlo, mientras que en lo social en España pienso que tanto el que más como el que menos te planta un gráfico la mar de precioso.

 

¿Cómo estáis viviendo a nivel profesional y personal la crisis actual ocasionada por el coronavirus?

A pesar del apego a la planificación del que acabamos de hablar, también hay espacio para la improvisación y la rapidez de respuesta. Cuando esta crisis estalló, me pilló de vacaciones en España y al regresar me he encontrado con un lugar de trabajo que se había reinventado. En primer lugar, no sabía si quiera si iba a ser capaz de volver porque el vuelo que tenía se canceló y los medios españoles alertaban que las fronteras en Europa se estaban cerrando. Sin embargo, al aterrizar en Alemania me encontré con una situación bastante más relajada de lo que había vivido en las vacaciones.

Aunque si las medidas sociales eran más laxas, el trabajo ya se había transformado y preparado para este nuevo mundo. El acceso a los refugios se ha limitado a determinados trabajadores, entre los que no nos encontramos los llamados “especialistas en apoyo psicosocial”, que son los formados por psicoterapeutas árabes y arteterapeutas. Desde nuestro círculo se han establecido una serie de actividades que podemos ofrecer, pero arteterapia como tal no va a ser posible hasta que podamos acceder de nuevo a los refugios. En mi caso, me comunico con los niños por carta, con las cuales les invito a continuar creando. No es como mandar deberes, sino que conservamos esa perspectiva humanista consistente en dejar ser, basándonos en lo que se haya creado previamente. Esto es posible porque todas y cada una de las obras de arte que se crearon en las sesiones las tenemos registradas y fotografiadas, así que la carta que recibe cada niño es individualizada y adaptada a su proceso creador. De este modo se mantiene vivo el vínculo y no se detienen los procesos a pesar de que sí se paren las sesiones.

 

¿Tienes alguna frase de ánimos o recomendación para los que acaban de llegar?

Lo que te contaron de que “si estudias una carrera es para tener un trabajo”, aquí sí que es una realidad. Y ten cuidado porque hay ofertas laborales a las que es difícil resistirse. Lo único que hace falta es convicción y atreverse con el idioma.

No sé si esto da ánimos porque si a mí me hubiesen dicho lo del idioma habría salido corriendo, especialmente porque convicción es otra cualidad de la que carecía. Pero conozco personas a las que les ha ido muy bien con esas dos fortalezas. Las mías aún no sé cuáles fueron, ni siquiera sé si he tenido fortalezas en absoluto, pero en cualquier caso merece la pena haber llegado hasta aquí.

 

¡Muchas gracias por tu tiempo!

 

Esta entrevista forma parte de una serie de entrevistas a profesionales españoles en Alemania. Si quieres ser entrevistado o conoces a algún otro español que crees pueda aportar a esta sección, no dudes en escribirnos a alemania@mitramiss.es.

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